Era un año con todo para celebrar. En noviembre, el viaje de egresados a Córdoba, y a fin de año, terminar la primaria siendo el primer estudiante con síndrome de Down que egresará de ese ciclo en su escuela. Aunque la mayor satisfacción para Ezequiel, de 14 años, y para su familia es cómo la comunidad educativa cambió la cabeza en esos ocho años compartidos. «Ezequiel no sólo está incluido socialmente, sino que se ha ganado, con su esfuerzo, el respeto de sus compañeros y maestros», cuenta Javier Speroni, su padre.

Pero en junio les llegó a sus padres una noticia que no se esperaban: la escuela privada a la que asiste en Caballito no le iba a renovar la matrícula. ¿Las razones? No se veían capacitados y el sistema no estaba preparado. Los padres de Ezequiel entendieron lo que les decían como que había llegado la hora de que su hijo siguiera en la escuela especial.

Ezequiel necesitó algunos apoyos estos años: una hora por semana con la fonoaudióloga, que lo entrena en lengua y le anticipa contenidos que se van a ver en clase, y una hora con la psicopedagoga. «La idea era ir probando, pero no negarle el conocimiento como suele pasar en algunos casos -cuenta su padre-. La escuela es un paso fundamental en la vida de las personas para los pasos subsiguientes de la vida, y si bien Ezequiel aprende más lento, con estos apoyos puede estar ahí.»

Iván Davidovich, junto a sus compañeros, cuando aún cursaba en la primaria de la escuela Arlene Fern
Iván Davidovich, junto a sus compañeros, cuando aún cursaba en la primaria de la escuela Arlene Fern.Foto:Gentileza grupo art. 24

Ocho años de cosecha dieron sus frutos. Quienes se movilizaron enseguida fueron sus compañeros de colegio, tanto que en julio los padres del colegio se juntaron para escribir una carta al colegio donde expresaron desconcierto y sorpresa por la decisión de que no renovaran la matrícula para ingresar al secundario, haciendo hincapié en todo lo que aprendieron y disfrutaron junto a Ezequiel durante esos años.

Los padres de Ezequiel recorrieron siete colegios privados sin suerte. Cuando finalmente encontraron una opción en una escuela pública del barrio, Javier Speroni se cruzó con el director de la institución en la puerta. Había novedades: «Lo vamos a aceptar», le comentó. Al día siguiente, en el cuaderno de comunicaciones de Ezequiel estaba la nota con la matrícula.

Casos como éste aún son excepcionales. Y por eso 115 organizaciones civiles de todo el país se congregaron en el Grupo Artículo 24 por la Educación Inclusiva para que la excepción se convierta en la regla: un sistema de enseñanza único, que responda a las necesidades de todos los estudiantes, también aquellos con discapacidad, y que, de esta manera, las escuelas especiales ya no tengan razón de ser.

«Hoy estamos parados en un sistema que excluye y que segrega -dice Gabriela Santuccione, coordinadora del Grupo Artículo 24-. Hay que ir a un sistema inclusivo y reconvertir la escuela especial, pero primero hay que terminar con las normas que permiten sacar a un chico de la escuela común.»

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