Nota_Estres_parentalEspecialistas de distintas áreas, vinculadas tanto a la discapacidad como a la psicología, coinciden en que para la mayoría de los padres la llegada de un hijo con discapacidad produce un estado de shock que luego es seguido por un periodo de duelo que puede acarrear dolor y que está relacionado con la pérdida del niño “ideal” y el proyecto de vida familiar.
Otras veces intervienen en el proceso etapas de negación, enojo y resentimiento, antes de poder comenzar a sanar las heridas e iniciar un periodo de aceptación y reconciliación con el suceso.
Estas experiencias son sin dudas muy estresantes pero con el debido acompañamiento profesional y el apoyo del entorno los padres logran salir adelante, equilibrarse internamente y construir nuevas y ricas perspectivas para el futuro de la familia.
Sea quizá por la magnitud y el desconcierto con que inicialmente impacta la llegada de un hijo con discapacidad o por el devenir de las luchas cotidianas, pero muchos padres comienzan a ceder frente a un estrés diario, menos fácil de detectar y afrontar, que puede convertirse en un enemigo silencioso y repercutir profundamente en su calidad de vida.
En el año 2008 una encuesta llevada a cabo en Canadá señaló que tres de cada cinco padres con hijos con discapacidad de 14 años o más jóvenes (61,5 por ciento) manifestaron signos de estrés cotidiano al tratar de equilibrar la responsabilidad de cuidar a sus hijos y otras obligaciones tales como el trabajo.
En el mismo estudio se informó además que casi la mitad (46,2 por ciento) de los padres con niños con discapacidades leves a moderadas afirmaron que veían en sus hijos  la «principal fuente de estrés», mientras que esa proporción se disparó al 81,7 por ciento en los padres que tenían niños con discapacidades severas. Además señalaron que esta tensión también afectaba el número de horas en que un padre podría trabajar.
Otra encuesta realizada en los Estados Unidos examinó a aquellos padres cuyos hijos sufren discapacidades como síndrome de Down, trastorno bipolar y trastornos de hiperactividad y encontró que estas familias se quejaron al menos un 10 por ciento más que los padres de niños sin discapacidad.
Lamentablemente, los padres de niños con discapacidad cargan con el peso social de no poder demostrar los signos de su cansancio o de sus preocupaciones, por temor a mostrar sus limites frente a sus hijos o ser considerados malos padres, lo cual no hace más que aumentar la presión interior y la frustración.
Por otra parte, aunque existe mucha literatura actual que se ocupa de cómo el estrés afecta a estas familias, hay muy pocas referencias en lo que se refiere específicamente a la reducción del estrés en esta población, sobre todo en técnicas de autorregulación y prevención.
En este informe especial repasaremos los principales consejos elaborados por los expertos en control de estrés. Ya que reconocer y abordar el exceso de estrés es absolutamente necesario para poder recuperar la confianza, renovar las fuerzas y tener la claridad necesaria para acompañar a los hijos durante su crecimiento de la manera más saludable posible, comprendiendo que se trata de un proceso natural de adaptación a las exigencias de la crianza de un niño con discapacidad.

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